“¿se pueden inventar verbos? quiero decirte uno: yo te cielo, así mis alas se extienden enormes para amarte sin medida.
Siento que desde nuestro lugar de origen hemos estado juntos, que somos
de las misma materia, de las mismas ondas, que llevamos dentro el mismo
sentido. Tu ser entero, tu genio y tu humildad prodigiosas son
incomparables y enriqueces la vida; dentro de tu mundo extraordinario,
lo que yo te ofrezco es solamente una
verdad más que tú recibes y que acariciará siempre lo más hondo de ti
mismo. Gracias por recibirlo, gracias porque vives, porque ayer me
dejaste tocar tu luz más íntima y porque dijiste con tu voz y tus ojos
lo que yo esperaba toda mi vida”.
